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Olfo

julio 17, 2015 — 5 comentarios

Olfo portada

Mi segundo libro, Olfo, comenzó como una colección de relatos breves sobre criaturas fantásticas. Desde hacía tiempo venía contemplando la idea de hacer una galería de seres imaginarios. Algo así como un bestiario. Inicialmente me propuse escribir unos doce relatos. Pero ya con las primeras ideas en papel tuve claro que no todos los personajes tenían el potencial para culminar en un cuento completo. En unos, sus desarrollos posibles tendían a transitar caminos predecibles; en otros, su planteamiento asomaba significaciones o contenidos que se desmarcaban del ámbito de la literatura para niños.

Algunos nombres que se quedaron a medio camino.

Algunos nombres que se quedaron a medio camino. “Pinchaglobos”: llegué a desarrollar algo de este personaje, suerte de duende travieso, pero su mismo nombre delataba el propósito. Predecible. “El secreto al final del arcoiris”. Predecible y muy cursi…

“El duende (o señor) de las tijeras”. Este sí era interesante. ¿Alguna vez se le perdió la tijera justo cuando más la necesitaban? Acá tienen al responsable. Pero la agresividad implícita en las tijeras puntiagudas me disuadió de continuar… Tal vez lo desarrolle para otro público.

“La fuente del olvido”. Suena bien. Pero tras unos intentos se quedó en estado embrionario. Y debajo, “El hado de las preguntas” en su primera aparición.

Cinco de los cuentos crecieron mejor al escribirlos y esa fue la selección final. Estos cinco también nacieron con su final bajo el brazo: si cuando escribo tengo claro de qué va la historia y cómo va a terminar (aunque no tenga con precisión las palabras exactas que usaré ni los detalles) sé que todo va bien encaminado con el relato.

Los cuentos resultantes son, en este orden:

  • El dueño de la luna (una cosmogonía alternativa, donde aprovecho para reírme de algunas cosas).
  • El hado de las preguntas (preguntas que no tienen respuesta, o la respuesta que no llega. El poder de la palabra).
  • El mono gris (el poder de los sueños, para bien o para mal).
  • La espora de la risa (la risa de los dioses).
  • Olfo

La secuencia del libro, cuatro relatos breves seguidos de un cuento final, cuya extensión equivale a la de todos los anteriores juntos, me recuerda la figura de algunos ciclos de canciones del romanticismo. Schumann tiene cosas así. No en cuanto a la cantidad de canciones, puesto que son muchas más, pero sí en la extensión del lied final respecto a los que le preceden. También pienso en los Rückert-Lieder de Mahler: cinco piezas, las cuatro primeras breves o de duración media, y como final el monumental Um Mitternach.

“Olfo”, que es el nombre del cuento más largo, tuvo un origen accidentado. La idea me rondaba la cabeza ya en la época en que trabajaba con Zamuro, pero por alguna razón sentí que para desarrollar esa historia faltaban muchas emociones por asentar. La anécdota básica estaba allí: un niño al que le gustaba enterrar cosas. Otras ideas y proyectos se atravesaron, incluso hubo un relato que estuvo al punto de convertirse en mi segundo libro: personaje definido y dibujado, historia en sus puntos básicos escrita, final claro. Pero iba por un derrotero muy pesimista, y me pareció nuevamente que se alejaba del ámbito de la LIJ. Lo curioso es que, a pesar de haber sido engavetado, este proyecto, replanteado y vuelto a abortar 2 veces más, en 2015 regresa (en su cuarta encarnación) para perfilarse como mi futuro tercer libro.

Regresando al que se convertiría finalmente en mi segundo libro, un día, haciendo un listado de nombres de personajes o de historias para el bestiario (porque el nombre de una historia muchas veces es la semilla, por la cantidad de asociaciones que es capaz de generar) decidí incluir aquella trama del niño enterrador. Y lo llamé de momento así: “……………. el enterrador” (salvo uno que otro desliz como “Julito el enterrador“). Avancé con el cuento, un tanto inseguro al principio, aunque el personaje central pronto apareció bien definido en mis dibujos.

A pesar de la evolución en el estilo entre el boceto de la libreta y el dibujo más acabado (sería la portada del libro) los dos fueron hechos casi el mismo día. La imagen del personaje niño estaba ya formada; solo faltaba enunciarlo.

A pesar de la evolución en el estilo entre el boceto de la libreta y el dibujo más acabado (sería la portada del libro) los dos fueron hechos casi el mismo día. La imagen del personaje niño estaba ya formada en mi mente cuando comencé a escribir el relato; solo faltaba darle identidad.

Pero se mantuvo sin nombre por un buen trecho. Dejaba el espacio en blanco, mientras ensayaba diversas alternativas que pronto desechaba. Por un tiempo lo llamé “Flavius”. Hasta que una mañana (casi siempre escribo en las mañanas) jugaba con sonoridades y apareció “OLFO”. Parecía un término incompleto, un pedazo de otra cosa, de Rodolfo, de Adolfo tal vez. Pero me gustó como se escuchaba, así que de inmediato supe que había dado con el nombre del personaje. Después hice una búsqueda por Google y resultó que el nombre sí existe y tiene un origen germánico, cuya raíz olf, ulf o wulf significa lobo y forma parte, como terminación, de varios nombres, aunque también se le utiliza solo.

Trabajé los otros relatos en paralelo. El primero que terminé, en su primera versión, fue El mono gris. Después siguió El dueño de la luna. Completé El hado de las preguntas y La espora de la risa más o menos al mismo tiempo. Previsiblemente, el último fue Olfo.


Quiero resaltar el carácter breve de los cuatro primeros cuentos. Son microcuentos, en un sentido amplio. Entiendo que el concepto tiende a ser flexible en cuanto a la brevedad. No se trata en este caso de relatos de un párrafo pero, si se suprimieran las imágenes, a menos dos de ellos no ocuparían dos cuartillas escritas. Otros aspectos que definen los microrelatos, como la intertextualidad y la elipsis están muy presentes. La brevedad es también una característica muy propia, desde sus orígenes en la Edad Media, de los bestiarios, lo que una vez más delata el propósito que me motivó inicialmente.

Los cuatro relatos cortos claramente pueden considerarse planteados al estilo de un libro álbum. Olfo, por el contrario, es un híbrido. Me atrevería a considerarlo como una pequeña novela gráfica, por la alternancia entre una dinámica convencional entre texto e imagen y otras partes donde ambos son interdependientes.


Las imágenes

Pasada cierta etapa en la que los bosquejos robaban de vez en cuando espacio a los textos en las libretas, comencé a trabajar a fondo las ilustraciones finales de los cuentos. Los relatos estaban más cerca de su finalización, así que me permití dedicarle más tiempo a las imágenes. Hasta un cuadro llegué a pintar.

El hado mirándome desde la libreta...

El hado mirándome desde la libreta…

El hado de las preguntas en un pequeño cuadro que pinté en acrílico. Lo hice justo el día la la final del pasado Mundial de Fútbol, para evadirme de la tiranía de tener que ver el partido. Y eso que jugaba Alemania...

El hado de las preguntas en un pequeño cuadro que pinté con acrílicos. Lo hice justo el día de la final del pasado Mundial de Fútbol, para evadirme de la tiranía de tener que ver el partido. Y eso que jugaba Alemania…

La tiorba (o theorba) y el salterio (una de tantas versiones).  Les recomiendo la música compuesta para la tiorba por Kapsberger (o Kapsperger, no se ponen de acuerdo). Es gloriosa.

La tiorba (o theorba) y el salterio (una de tantas versiones). Les recomiendo la música compuesta para la tiorba (o su primo hermano el chitarrone) por Kapsberger (o Kapsperger, no se ponen de acuerdo). Es gloriosa.

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La imagen final

Casi desde el comienzo me propuse emplear una técnica que me permitiera adelantar las ilustraciones en cualquier lugar y momento. Por ello escogí el bolígrafo: dúctil, práctico y barato. El bolígrafo permite una gran cantidad de gradaciones y sutilezas a la hora de sombrear. Después de terminado cada dibujo, con todos sus detalles y la mayoría de las sombras, lo digitalicé y le añadí color, algunas sombras más y luces tramadas en Photoshop, empleando la tableta Wacom.

La criada cuando reclamó espacio en mi libreta...

La criada cuando reclamó espacio en mi libreta…

El proceso (simplificado) desde la ilustración original resuelta con bolígrafo hasta el acabado final hecho con medios digitales

El proceso (simplificado) desde la ilustración original resuelta con bolígrafo hasta el acabado final hecho con medios digitales

No soy amigo de estar alterando mis ilustraciones con efectos digitales raros o filtros prefabricados. El color que le añado en Photoshop equivale a una veladura, hecha en acuarela o mejor con anilinas. Las sombras son transparentes y hechas a mano con la tableta Wacom. Las luces son tramadas, también con la tableta, como si las hubiera hecho con plumilla y tinta china blanca. Más nada. Trato de no desvirtuar el valor de lo hecho a mano que tienen mis originales.

Mis originales... Bolígrafo sobre cartulina opalina. Faltan en esta foto muchas imágenes por mostrar. Me llevó unos 8 meses de trabajo ininterrumpido hacer todas estas ilustraciones. Y todavía faltaba aquí el color digital...

Mis originales… Bolígrafo sobre cartulina opalina. Faltan en esta foto muchas imágenes por mostrar. Me llevó unos 8 meses de trabajo ininterrumpido hacer todas estas ilustraciones. Y todavía faltaba aquí el color digital…


Olfo tiene diferencias obvias con mi libro anterior, Zamuro. Tiene mucho más texto. La relación palabra-imagen se acerca a 50/50.  Zamuro en cambio muestra una presencia apabullante de la imagen respecto al texto, algo así como un 80/20. Olfo es a todo color. Zamuro explota al máximo las posibilidades de la técnica del tramado en blanco y negro. Pero las similitudes son notorias también. Hay temas comunes. Está la presencia de los sueños (en El mono gris). Y acaso el cuento Olfo es una historia muy onírica, en especial considerando el surrealismo de muchas de sus imágenes, también presente en los otros cuentos del libro.


Con mi tercer libro, ya en proceso, voy hacia un texto más sintético, una tratamiento de la historia más terso y de líneas más sencillas y un cambio en el estilo ilustrativo. No me gusta encasillarme mucho tiempo en una misma forma de abordar mi trabajo.

Pelúo II…

mayo 31, 2011 — Deja un comentario

Otro detalle de la ilustración anterior e imagen completa.

La Gran Serpiente

julio 21, 2010

El cuarto libro que ilustré basado en una temática indígena, en este caso un relato mítico de la etnia Yekuana.

Este proyecto tuvo dos etapas marcadas por cambios en el texto. La versión final es la que se muestra, pero en una entrada futura subiré algunas páginas a medio terminar, que no fueron incluidas por modificaciones en la secuencia o en los personajes.

El tratamiento de la figura humana es más realista que en los libros anteriores. La técnica híbrida artesanal-digital continuó dominando el proceso.

De los 4 libros de temas indígenas que he ilustrado, La Gran Serpiente es el menos visto en la red. Subí algún material en la fallecida página que mantuve por unos años en Facebook (guácatelas), pero en WordPress apenas sí se mostró una imagen. Tampoco le di cabida en mi portafolio de la red Behance. Después de la Serpiente no he vuelto a abordar otro texto con temas de las etnias venezolanas.

Actualización 2014: ahora el libro se puede descargar por ahí, en varios portales web de publicaciones digitales. Googleen La Gran Serpiente, Walther Sorg y aparecerán los sitios de descarga (paga, por supuesto).

 

La portada. No he localizado la versión final, pero ésta se le acerca.

La Gran Inundación

julio 20, 2010

El tercero, cronológicamente hablando, de los libros de temática indígena que he ilustrado. Le precedió Un Mosquito Enamorado (Playco Editores), el único proyecto de los tres que hice para esta editorial que ha visto luz en los estantes de las librerías, lleva unos años circulando y obtuvo una mención en el catálogo White Ravens de 2009.

La Gran Inundación es un mito del Diluvio Universal de procedencia kariña. Desde un punto de vista ilustrativo es a mi parecer un producto más maduro y acabado que los dos libros que le antecedieron (Historia del Mar, Un Mosquito Enamorado).

La técnica empleada en La Gran Inundación es híbrida: mitad tradicional, mitad digital. También me encargué del diseño del libro.

Actualización 2014: ahora el libro se puede descargar por ahí, en varios portales web de publicaciones digitales. Googleen La Gran Inundación, Walther Sorg y aparecerán los sitios de descarga (paga, por supuesto).

La portada

Historia del mar

julio 19, 2010

2006.

La portada

Una versión alternativa y anterior de la portada, que no fue seleccionada

Yo bien, ¿y tú?

mayo 31, 2010

Un dibujito… forma parte de una serie, que más adelante mostraré completa. He estado de bajo perfil últimamente, pero no por eso inactivo. Más bien todo lo contrario.